Todó toma la palabra
Lluís Maria Todó ha ganado el Premi Josep Pla 2006 con El mal francès, el libro más personal y autobiográfico de este escritor catalán. Escrito en parte en primera persona, Todó toma la palabra en una obra planteada desde tres planos: sus diarios de juventud, los materiales de una supuesta novela encallada, y los comentarios del autor desde su perspectiva actual, muy polémicos por su posición catalanista pero no nacionalista.

¿”El mal francès” es una dolencia propia de los galos?
El título se refiere a la pasión mimética que tiene el protagonista y narrador -que soy yo- por la cultura francesa, y que me lleva entre otras cosas a aprender francés desde muy pequeño, leer mucho en ese idioma y, al acabar el Bachillerato y cuando las circunstancias lo permiten, ir a estudiar a Francia. Prácticamente quiero ser francés. Quiero hablar el idioma sin acento, vestir como ellos. Es una especie de locura que tenía y que se explica en parte por el estado lamentable de la sociedad y de la cultura barcelonesa de los años sesenta. Estábamos en pleno franquismo, algo irrespirable en muchos aspectos y que producía reacciones delirantes como esta de convertirse en francés.
El libro se presenta en tres planos, los diarios, tus comentarios y una novela inacabada. ¿Son tres partes distintas de un todo?
El libro explica cómo un escritor que se llama Lluís Maria Todó y que tiene cincuenta y cuatro años, está peleando con una novela que no le acaba de salir; tiene unos ficheros, unos archivos -todo informático- y para distraerse del trabajo y divertirse un rato, los revisa. Uno de ellos, que se llama Transcripció, resulta ser un diario del año 1969 que comienza el febrero de ese año. El diario, al escritor en crisis que yo era en ese momento actual, le pareció una fuente de inspiración y de ideas extraordinaria. Busqué entonces el cuaderno original manuscrito y comencé a traducirlo, a transcribirlo y a comentarlo. El libro resultante, “El mal francès”, contiene estos tres planos, que no tres partes porque se van alternando, penetrándose. El primero lo forman los diarios de 1969, de todo ese curso desde febrero y momento en el que descubro que soy gay, hasta el mes de junio cuando vuelvo a Barcelona. Acaba el día 22 de julio, “cuando el hombre llega a la Luna”, dicho sea entre comillas, porque me parece una expresión ridícula y quizá incierta.
El segundo son los comentarios escritos desde mi edad actual, sobre todo lo que pasa. Qué ha sido de mí, de los gays, desde esa vergüenza, desde esa mentira, ese desconcierto horroroso en que me sumió en el año sesenta y nueve descubrir que era gay, que era una cosa de peluqueras y de bailarines de flamenco, hasta ahora.
El tercero de los planos está compuesto por los materiales de esta hipotética novela que está escribiendo el narrador. Son materiales muy heterogéneos, muy diversos, y tienen personajes un poco salvajes como uno que es el que tiene más presencia y es el más divertido, que es el V.P.C. (vell poeta català). Este personaje, de ochenta y tantos años, sin pelos en la lengua, está inspirado en Joan Ferreté, una persona que traté bastante y que recuerdo con mucha añoranza y mucho amor.
No es que suceda una historia, son pequeñas reflexiones; es un libro que es muy fácil de leer, escrito en un tono ligero, muy irónico y accesible.
El catalanismo también ha merecido tu atención y comentario tras la lectura de los diarios…
Cuando estaba leyéndolos me desconcertó mucho la tranquilidad y la naturalidad con que en ese momento se trataba la cuestión de Catalunya y España. En el año 69, el catalanismo existía dentro del panorama político progresista de la época, pero no era muy visible. Una de las preguntas que se hace este narrador de 54 años es cómo unos años después la sociedad catalana cambió de esta manera tan brutal, no por la hegemonía nacionalista en política, sino de monolitismo ideológico. Lo que le extraña al narrador no es que Convergència i Unió ganara un montón de veces seguidas, sino que pareciera que no se podía pensar fuera de los parámetros que había instaurado ese partido, la famosa construcción nacional, que aún hoy día estoy esperando que alguien me explique en qué consiste. Quizá se trata de la destrucción del paisaje, el desballestamiento del sistema educativo o la inexistencia de carreteras que no sean de peaje.
En tus libros siempre hay algo de biografía, pero ¿es este tu trabajo más autobiográfico?
Sin lugar a dudas es el libro más autobiográfico, y esta es la gran diferencia o el gran avance en mi carrera literaria. Creo que es algo que viene por la edad, o ese ha sido mi caso. Llega un día en el que has leído muchos libros, has vivido mucho, te han pasado muchas cosas; quizá es el momento de hablar en primera persona, sin esa especie de muñecos de ventriloquia que son los personajes de ficción, a través de los que siempre he hablado yo; pero esta vez quien habla es Lluis Maria Todó.
¿Qué te ha dado la seguridad para de repente intervenir directamente en primera persona, con opinión, en una obra tuya?
Creo que la autoridad moral para hablar en primera persona me ha sido dada por mi fracaso como novelista, aunque suene algo exagerado. Yo he escrito cinco novelas antes de este libro, todas traducidas al castellano excepto una, algunas con cierto éxito en su momento, pero llegó un día en que la Institución cultural catalana decidió que yo no existía como novelista. Por ejemplo, con lo del año del libro y de la cultura, se convocaron a centenares de escritores porque se hicieron muchísimas actividades, y a mí nunca, nadie, me ofreció participar en alguna, dejé de existir. De vez en cuando alguna radio o la prensa me llamaban, pero siempre como traductor, no como novelista. Esto produce una situación un poco complicada, por un lado es un baño de modestia, por otro te da una especie de independencia, de aislamiento, de desligamiento total, que me han impuesto y que yo no he escogido. Me da una libertad soberana y absoluta para decir lo que me dé la gana. No tengo compromisos con nadie porque se ha decidido que no existo.
Lo que está claro es que, no se si por el libro o por tus declaraciones, se ha levantado cierta polémica en los medios sobre una actitud que cuestiona el nacionalismo al que se ha desplazado el PSC.
Lo que ha pasado en Catalunya en los últimos años no se explica por un pacto de gobierno. Supongo que se necesitan años y perspectiva, y también tener en cuenta una variable muy difícil que es la personalidad de Pasqual Maragall, que es muy complicada, estrambótica, fascinante en algunos momentos, e irritante en otros. Esto es una reacción individual; yo he sido muy partidario de un cambio político y di todo mi apoyo -que no fue mucho, al ser un escritor casi inexistente- para acabar con el discurso eternamente nacionalista del pujolismo. Y al final, se nos regala con una dosis absolutamente empalagosa y vomitiva de más nacionalismo. Quizá lo que ha hecho que se hablara mucho de esta opinión es que proviene de un escritor catalán, porque esa condición nadie me la puede discutir: soy un escritor catalán en catalán, he traducido muchísimo al catalán, mucho más que al castellano, mis éxitos como traductor han sido al catalán, soy director de una colección de clásicos que tiene un cuidado muy especial en las cuestiones de la lengua… Nadie me puede pasar la mano por la cara en cuestiones de catalanidad, pero la política es otra cosa. Lo que quiero decir es que uno puede ser un escritor en catalán, puede ser un traductor al catalán, puede ser director de una colección catalana, y no ser nacionalista, no pronunciarse sobre la independencia de Catalunya, que me parece un relato épico que no interesa nada, una religión y un engaño.
¿Te demuestra algo haber ganado el premio con un libro que plantea novedades tanto en la forma y en el fondo, respecto a tu obra anterior?
Ahora seré soberbio, chulo e insoportable. Pienso que cualquiera de mis libros podía haber ganado cualquier premio. Muchas de mis novelas son mejores que algunas de las que han ganado Sant Jordis, Sant Carles y Carlemanys… la posteridad dirá.
La forma en que has hecho el libro y lo que conlleva, ¿marca una cierta inflexión cara al futuro de tu obra?
Sin ningún lugar a dudas. Ahora mismo me produce una pereza terrible pensar en escribir de nuevo ficción, pero repetir esta fórmula tampoco es viable. Me tendré que espabilar para encontrar un camino, encontrar un sitio desde donde hablar, en el que me sienta cómodo, pero lo que no me falta es energía y seguridad.


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