Lisboa, seducción sincera
Cuando pisas Lisboa por primera vez pueden suceder dos cosas: que te seduzca y quieras quedarte una temporadita, o que sólo pienses en largarte. No apta para el turista exclusivamente fashion, que creerá haber recorrido un par de décadas atrás en el tiempo, sí es un destino perfecto para quienes no dedican la vida a su aspecto o a lo que se van a poner. Pero no te equivoques, porque esta ciudad que no te juzga a primera vista sí tiene su propio código de conducta, resumido en la frase escrita en los pasos de cebra: “pare aquí para ver y ser visto”. Algo muy práctico en una ciudad proclive al cruising.
Una mirada
La capital de Portugal te recibe desde el aire con una impresionante vista del rio Tajo, el Tejo para ellos, marcado por el Ponte Vasco da Gama en un extremo de la ciudad y el Ponte 25 de Abril en el otro, vigilados desde el estuario por el monumental Cristo Rey, que abre los brazos hacia Lisboa. Con más de medio millón de habitantes, tiene una área metropolina que suma hasta los tres millones de personas, cerca de un tercio de la población de Portugal.
Ya en tierra y tras dejar el aeropuerto, muy cercano a la ciudad y bien comunicado a través de autobuses y taxis, Lisboa va mostrando sus cartas de presentación en forma de mil detalles. Desde Pombal hacia el sur, en dirección al río, la Avenida de Liberdade y sobretodo Chiado ofrecen una nítida imagen de su monumentalidad sin excesos y su belleza. El castillo de Sao Jorge, enfrentado a Bairro Alto, ambos encaramados en sendos montes, cierran por el este y el oeste a la ciudad, protegiéndola de los vientos atlánticos. Fuera de estos límites el Monasterio dos Jerónimos, la torre de Belem y su “doca” (puerto) son la rúbrica clásica confirmada en el otro extremo de Lisboa por la modernidad del Parque das Naçoes. Y de nuevo en el centro, la Casa dos Bicos, la Praça do Comercio, la zona de tiendas de Baixa, o la catedral mandada construir por el primer rey de Portugal en el siglo XII.
Siempre arriba
Bairro Alto hace honor a su nombre, y está encaramado un un monte al que puedes subir en un pintoresco eléctrico que ha buscado el punto de mayor pendiente, o bien a pie por las calles que contornean la subida para que sea menos pesada. El barrio está salpicado de restaurantes, tiendas, bares y sabor popular. El fin de semana se convierte en una de las zonas de fiesta más concurridas de la capital y es también el territorio gay por excelencia, aunque en los últimos años se le ha sumado Príncipe Real con los locales de corte más moderno.
En Bairro Alto la mayoría de locales de ambiente tienen timbre para entrar, excepto Portas Largas, un pequeño café en el que suenan fados. Esta es una selección de algunos de ellos.
BARES / CAFES
Portas Largas
Rua da Atalaia 105
Café abierto desde pimera hora de la tarde.
106
Rua Sao Marçal 106
Lleno de turistas
Max
Rua Sao Marçal 15
Primer bar de osos de Portugal.
Sétimo Céu
Travessera da Espera 54
Pequeño y divertido
DISCOS
Bric-a-Bar
Rua Cecílio de Sousa, 82
Cuarto oscuro, local amplio, ligue seguro.
Finalmente
Rua da Palmeira 38
Es el último en cerrar.
RESTAURANTES
Inox
Rua da Barroca 129
Buena comida en el centro del Bairro Alto
Sinal
Rua das Gáveas 89
Hotel Anjo Azul
Situado en pleno centro de Bairro Alto, la zona gay por excelecia de Lisboa, el Hotel Anjo Azul cuenta con más de treinta habitaciones a precios muy asequibles. Rodeado de restaurantes, bares de copas y curiosas tiendas que poblan el barrio, se aparta un par de calles de la bulliciosa noche de los fines de semana.
De carácter familliar y ambiente muy tranquilo, ofrece un copioso desayuno a sus clientes, que sin buscar lujos quieren disfrutar de una estancia agradable.
Hotel Anjo Azul. Rua Luz Soriano, 75 Tel. 21 347 80 69
anjoazul@mail.telepac.pt


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